Explore "La invención de América" by Edmundo O'Gorman on Textopian. Read with annotations and highlights.
En páginas anteriores explicamos que al concebir a las nuevas tierras como una entidad equiparable a Europa, Asia y África, se postuló, implícitamente, que todas ellas tenían una misma estructura física, un mismo tipo de cuerpo. A ese respecto, pues, América no ofreció ninguna novedad esencial. Es obvio, sin embargo, que esa comunidad de naturaleza no entrega una cabal identificación del nuevo ente, puesto que falta determinar el ser moral o histórico que debería corresponderle como "cuarta parte" del orbe.
Pues bien, en la medida en que se fueron explorando y reconociendo las nuevas tierras se acumuló una serie de noticias acerca de sus habitantes, sus creencias, sus instituciones, sus costumbres, etc. Pero es claro que mientras subsistió el intento de explicar aquellas regiones como una porción de la Isla de la Tierra, concretamente como asiáticas, no se ofreció la gran duda que podían sugerir dichas noticias, la duda acerca de la índole de los nativos, puesto que, por extraños que pudieran parecer, no había motivo para excluirlos del género humano en cuanto como autóctonos del orbis terrarum. Ésa, en efecto, fue la solución que dio san Agustín a la duda respecto a la humanidad de los hombres monstruosos que se suponía habitaban regiones extremas e inexploradas de aquel orbe. Pero cuando se aceptó, por fin, que se estaba en presencia de una masa de tierra separada de la que alojaba al mundo, masa que, sin embargo, quedaba incluida en él, fue necesario suponer a priori, como lo supuso san Agustín respecto a los monstruos, que sus habitantes eran hombres. De otro modo se pondría en crisis el dogma de la unidad fundamental del género humano. Era necesario, sin embargo, dar apoyo empírico a esa suposición y mostrar que, pese al desconocimiento en que estuvieron esas tierras y a todos los impedimentos geográficos, esos hombres descendían del tronco común de la pareja original. Esta exigencia suscitó el famoso problema del "origen del indio americano" que tanto preocupó a los cronistas de Indias y cuya solución condujo a algunos a postular hipotéticamente la existencia de un estrecho de mar como el que hoy conocemos con el nombre de Behring.[13]