Explore "La invención de América" by Edmundo O'Gorman on Textopian. Read with annotations and highlights.
O era tierra firme grandísima la que había hallado o era donde estaba el Paraíso Terrenal. He aquí la disyuntiva que preocupaba a Colón cuando desembarcó en Santo Domingo. Hagámonos cargo, primero, de lo que significó ese dilema.
Pues bien, el motivo que obligaba a Colón a pensar que se trataba de una tierra firme de gran extensión era, ya lo sabemos, la necesidad de explicar el golfo de agua dulce como resultado de algún gran río que tendría en él su desembocadura. Y si no se conformó lisa y llanamente con esa inferencia es por las dificultades que, según vimos, atendían por igual la idea de que esa tierra firme estuviera unida a Asia o la de que estuviera separada. Si, pues, se le ocurrió a Colón como disyuntiva que había estado en la región donde se hallaba el Paraíso Terrenal, fue porque de ese modo le pareció que podría salir del aprieto, puesto que ya no había necesidad de explicar el golfo de agua dulce como efecto de un gran río engendrado en una inmensa extensión de tierra. En efecto, en el Paraíso Terrenal existía una fuente de donde, al decir de las autoridades más aprobadas, procedían los cuatro grandes ríos del orbis terrarum. ¿No sería, entonces, que de esa misma fuente procedía el caudal de agua que formaba aquel golfo? Esta posibilidad debió ilusionar tanto a Colón no sólo porque encuadraba admirablemente con su manera de pensar y su creciente convicción de ser un mensajero de Dios, sino por el lustre que tal hallazgo le prestaba a su empresa, que no se percató de la extravagancia de la idea, ni, por lo pronto, de las nuevas dificultades que implicaba. Pero era necesario mostrar cómo era posible y aun probable esa ocurrencia y a este propósito va encaminada principalmente la carta a los soberanos.