Explore "Pocahontas" by Manuel Sánchez Mármol on Textopian. Read with annotations and highlights.
En la mañana del 4 de marzo de 1876, los negociantes y el pueblo de Minatitlán contemplaban con verdadera curiosidad un barco de apariencia no común que acababa de soltar el ancla en las límpidas aguas del Coatzacoalco. Era un buque achalupado, de larga eslora y reducida manga, relativamente pequeño, pudiendo calcularse su desplazamiento en unas ciento cincuenta toneladas. Su forma de cuchilla indicaba bien a las claras que había sido construido para hender las olas con rapidez, objeto que debía realizar admirablemente, pues la estrechez de su manga, al disminuir el frote directo con las aguas, tenía que dar por resultado un aumento de velocidad considerable a su marcha. La figura de su casco traía inmediatamente a la memoria la del pez-aguja, en el que acaso se había inspirado el constructor para producir aquella forma esbelta, casi aérea, que parecía no pesar sobre el líquido elemento. El pabellón franjeado de los Estados Unidos de América, ondeando a popa en la drisa de bandera, denunciaba la nacionalidad del flotante viajero, en tanto que la grímpola de rojo y blanco que flameaba sobre el palo mayor, indicaba estar matriculado en los registros marítimos del Massachussets. En lo alto de la proa, y como sosteniendo sobre su dorso el palo del bauprés, desplegaba sus alas una águila de oro de una ejecución perfecta, mientras que en el plano de la popa, cuyo centro superior ocupaba un escudo también de oro, representando un hombre desnudo, se leían los siguientes nombres: SEA FOAM, BOSTON.
La presencia del curioso bajel había venido a interrumpir aquella mañana, al menos, el soñoliento marasmo que reinaba en las azules ondas del Coatzacoalco. Marasmo que no era debido en modo alguno a la falta de buques surtos en sus aguas, que excedían de veinte los que desde el mes de diciembre anterior habían venido arribando de diversas procedencias y nacionalidades, ingleses, noruegos, holandeses, alemanes y hasta rusos; sino a la pasmosa pereza con que tomaban su carga de caoba, operación que parecía tener el premeditado propósito de no terminar nunca, contra las costumbres de la gente de mar, para la que hacer pronto es hacer bien.