Explore "Ulises criollo" by José Vasconcelos on Textopian. Read with annotations and highlights.
En Piedras Negras, el clima extremoso resulta saludable. Se vive la mayor parte del año puertas afuera y no había entonces otra diversión que los convites entre los amigos. Aparte de solemnidades como la Navidad y Semana Santa, festejábamos los días de San Ignacio y el Carmen. La cocina fronteriza era muy primitiva, y aunque después nos quedó el gusto de las tortillas de harina, en casa no se escuchaban sino quejas de la crudeza de los guisos locales. En cambio, el comercio próspero de un puerto internacional suministraba los productos de toda la Tierra. Al «otro lado», es decir, en Eagle Pass, se conseguía lo norteamericano, y el servicio de transportes por express nos surtía los productos de toda la República hasta el Sur. Cuando llegaba la encomienda de Oaxaca, entraba en funciones la abuela, especialista en pipianes y moles, garbanzos y arroces. En la deshollejada del garbanzo nos empleaban en grupo y llenábamos bandejas de grano pelado que servía a mis gentes no sólo para el cocido y los guisos usuales, sino también para un dulce de piloncillo y yerbas de olor, estilo oaxaqueño.
Bodegón de Arrieta (detalle), siglo XIX.