Explore "Morir en El Golfo" by Héctor Aguilar Camín on Textopian. Read with annotations and highlights.
El primer domingo de julio de 1976 fue elegido presidente el candidato del PRI que nosotros habíamos ayudado a construir, esta vez sin opositor, porque los demás partidos legales se abstuvieron de entrar a la contienda. Vivimos luego el fin de sexenio más grave desde el anterior. Hubo en esos meses la primera conspiración golpista patronal de la era moderna y su primera denuncia pública, la primera devaluación del peso en veintidós años y el primer aplauso cerrado en la Cámara de Diputados por ese motivo; rumores exitosos, desestabilización a la chilena, certidumbre pública de que el 20 de noviembre de 1976, día del sexagésimo sexto aniversario de la Revolución mexicana, habría un golpe de Estado que pondría fin a tan prolongada era. Llegó ese día, previsto para fin de época, pero no quiso el azar que el ejército ocupara el zócalo ni que los civiles salieran de palacio. Quiso en cambio, sin aviso, que reapareciera en mi vida Anabela de Rojano.
Yo vivía entonces en el departamento de Artes, junto a los viejos baños legendarios, en un cómodo y frío rectángulo de techos altos y tuberías averiadas. El departamento era gigantesco, tenía tres cuartos de los que yo sólo ocupaba uno porque había instalado el despacho en la sala, junto a un desayunador donde cabía con holgura una mesa redonda para ocho comensales. El despacho incluía un escritorio, libreros y archiveros, más dos sillones de cuero negro y dos equipales.