Explore "Morir en El Golfo" by Héctor Aguilar Camín on Textopian. Read with annotations and highlights.
A día siguiente de la llegada de Anabela a la ciudad de México, el 17 de junio de 1978, escribí la historia de Chicontepec y el linchamiento de Rojano, con toda la información que había podido recoger, incluyendo mis entrevistas confidenciales con el paisano de Gobernación. Fueron cinco columnas largas, casi treinta cuartillas, en total, que se publicaron en días sucesivos del lunes 20 al viernes 25 de junio, en el único acto de irrestricta libertad de expresión que hubiera ejercido hasta entonces: ni autocensura ni consideración a intereses e informantes; todas las cartas quedaron volteadas sobre la mesa.
Inevitablemente, fue un escándalo, un disparador de llamadas, alarmas y explicaciones. Hubo manotazos en el palacio de gobierno de Veracruz, debates en la legislatura local, demandas de investigación política por la oposición, exhumación de los antecedentes violentos de la historia sindical petrolera, desmentidos y amenazas. Fue una tormenta de papel y palabras que revolvió el ambiente tres semanas, al cabo de las cuales Rojano seguía muerto, la investigación de su muerte seguía en curso y el congreso local había designado presidente interino de Chicontepec a un incondicional de Pizarro. Yo era más que nunca un líder nacional de opinión y Anabela seguía durmiendo sola en su cama de ratán en uno de los cuartos del departamento de Artes.