La gloria y el ensueño que forjó una patria,…

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En marzo de 1860 Santiago Viudaurri recuperó el poder perdido en Nuevo León ganando unas elecciones contra los militares que se le habían insubordinado, Aramberri y Blanco. Escobedo se separó del servicio. De hecho, se establecía una tregua con el gobierno juarista de Veracruz, pero el conflicto regional continuó y las tropas de Aramberri se enfrentaron a las de Juan Zuazua, quizá el mejor caudillo militar que había producido el norte durante la Guerra de Reforma, y que seguía obedeciendo órdenes de Vidaurri. A fines de julio, el 31, en la madrugada, en la hacienda de San Gregorio, situada entre Monterrey y Saltillo, una avanzada de sus contrincantes lo sorprendió en cama y un disparo lo alcanzó en el cerebelo matándolo antes de que pudiera tomar las armas. Más allá de las contradicciones entre los bandos, el liberalismo perdía a uno de sus más capaces cuadros militares.

Mientras tanto, el general José López Uraga intentaba reconstruir el Ejército del Centro, y el 24 de abril, en las cercanías de Loma Alta (San Luis Potosí), había alcanzado una victoria importante contra los conservadores al haber logrado reunir a las tropas guanajuatenses de Antillón y a los michoacanos de Régules con parte de las fuerzas que había organizado González Ortega en Zacatecas y Aguascalientes en ausencia de Santos Degollado, que estaba en Veracruz. Al regreso, Santos dejó hacer al que emergía como el nuevo caudillo militar que debería unificar a los ejércitos del centro y el norte. López Uraga decía: "Es necesaria una regeneración completa. Nunca adquiriremos el triunfo si no quitamos el localismo de los jefes y establecemos una disciplina severa que es difícil de conocer desde un escalón más debajo de don Santos".

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