La gloria y el ensueño que forjó una patria,…

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Se cuenta que Santiago el Mayor, pescador y hermano de san Juan, después de la muerte de Jesús, llevó sus prédicas hasta un lugar tan lejano como España, sin mayor éxito, y regresó a Jerusalén, donde tuvo éxito en convertir al cristianismo al mago Hermógenes. Enfadado, Herodes por eso mandó que le cortaran la cabeza a Santiago y vaya uno a saber por qué terminó enterrada en Galicia. Curiosamente en la imaginería católica, maravillosa, por cierto, Santiago el Apóstol es mostrado con una enorme frecuencia armado y montando a caballo, cosa que en vida nunca hizo. El origen del Santiago guerrero montado está en la fábula que cuenta cómo se apareció el 23 de mayo del año 844 en la batalla de Clavijo, dirigiendo espada en mano a las huestes cristianas contra los musulmanes.

Pues bien, en noviembre de 1860 el comandante muy liberal Sabás Lomelí andaba recorriendo los pueblos del municipio de Zapopan, en Jalisco, a la cabeza de su tropa de caballería en busca de partidas conservadoras, y en cada pueblo al que llegaba sacaba de la iglesia imágenes de Santiago Apóstol, maravillosas esculturas en madera hechas por las comunidades indígenas, montado a caballo, con sombrero jarano, silla vaquera y espuelas, y desde luego espadón o lanza. Logró reunir nueve de ellas y se las llevó a su cuartel en Zapopan, donde las colocó en hilera en el zaguán. Los indios que perseguían a la brigada tratando de rescatar sus imágenes se entrevistaron con Sabás y le demandaron que las devolviera. A lo que el comandante liberal respondió:

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