Explore "La gloria y el ensueño que forjó una patria, Tomo 1" by Paco Ignacio Taibo II on Textopian. Read with annotations and highlights.
El 26 de febrero 1855 los insurrectos sureños toman Chilapa. Ese mismo día Santa Anna sale de nuevo de la Ciudad de México hacia el sur a la cabeza de un ejército; lo acompaña su ministro Santiago Blanco. Diez día más tarde Juan Álvarez avanza hacia Chilpancingo y, al día siguiente, dentro de esta guerra en la que no hay combates, Santa Anna ordena a las autoridades de Guerrero: "Los facciosos deben ser colgados en los árboles del camino, arrasados los pueblos y rancherías, quemadas todas sus semillas, consumido todo su ganado y destruidos cuantos medios tengan de subsistencia". Las órdenes incluyen un decreto en que se anuncia que se castigará con la pena de muerte a todo aquel que tuviera en su poder algún ejemplar del Plan de Ayutla y no lo entregara a las autoridades. Pero las amenazas no culminan con el enfrentamiento. Entre el 7 y el 10 de marzo Santa Anna, que no ha pasado de Iguala, titubea y ordena el regreso a la capital. Esta vez su entrada en la Ciudad de México no obtendrá festejo, el dictador ordena que no repiquen las campanas.
Mientras estos movimientos se producen, personajes que habrán de ser figuras claves en el futuro se van sumando al alzamiento, en pequeños grupos, en partidas de rebeldes, en aventuras solitarias, sin poder hacer más que una guerra de guerrillas de reducidas dimensiones. Así lo hará Mariano Escobedo, un ranchero de Galeana, Nuevo León, veterano del 46, que se alza en armas dándose el grado de capitán. Así lo hará un estudiante oaxaqueño llamado Porfirio Díaz, que se suma a una pequeña partida en Tlacomula dirigida por el indio Herrera; Leandro Valle, uno de los cadetes del Colegio Militar durante la invasión por parte de Estados Unidos, será teniente durante la Revolución de Ayutla; Ignacio Zaragoza se inaugura también en las armas durante el movimiento de 1854-1855 como sargento de milicias.