Explore "La gloria y el ensueño que forjó una patria, Tomo 1" by Paco Ignacio Taibo II on Textopian. Read with annotations and highlights.
El 19 de enero de 1858 llega Benito Juárez a Guanajuato. Los gobernadores de la Coalición y los miembros del Congreso que se han podido reunir reconocen que en su carácter de presidente de la Suprema Corte de Justicia, y habiendo Comonfort, al que llaman "faccioso vulgar", perdido su condición de presidente por haber dado un golpe contra la Constitución, lo reconocen como presidente de la República. Dos días después llegará a Guanajuato Melchor Ocampo.
Ralph Roeder cuenta que un vecino chismoso que lo ve pasar le escribe a un cuate suyo: "Acaba de llegar un indio que se dice presidente de la República". La broma no lo es tanto. Juárez no es un personaje popular, aunque es respetado y reconocido en el pequeño mundo del liberalismo radical (que lo llevó a la presidencia de la Suprema Corte, en la práctica la vicepresidencia de la nación) y entre los oaxaqueños. Pero tiene muy claro cuál es el momento y su función. Él es el presidente legítimo ante la deserción de Comonfort y no un militar impuesto en un cuartelazo, como Zuloaga. De inmediato emite un manifiesto donde dice que ha quedado restablecido el gobierno de la República, "cuya marcha fue interrumpida por la defección del que fue depositario del poder supremo". Y horas más tarde forma gabinete: Relaciones y Guerra, Melchor Ocampo; Gobernación, Santos Degollado; Justicia, Negocios Eclesiásticos e Instrucción Pública, Manuel Ruiz; Hacienda, Guillermo Prieto; Fomento, León Guzmán.