Explore "La gloria y el ensueño que forjó una patria, Tomo 3" by Paco Ignacio Taibo II on Textopian. Read with annotations and highlights.
Para la república el problema de conseguir armas largas, revólveres, cañones, municiones, a partir de la pérdida de todas las grandes ciudades del país, y sobre todo de puertos y fronteras, fue un problema angustioso. Y no sólo fusiles, sino fusiles de calidad, bayonetas, porque en cualquier comunidad podían hacerse lanzas y un herrero podía manufacturar un sable, pero ¿cómo conseguir un rifle de repetición que no te obligara a ponerte a 100 metros de los franceses antes de poder hacer una descarga efectiva? Muchos autores establecen que una de las claves de la futura victoria republicana estuvo en las cuantiosas donaciones de armas y municiones que hizo el gobierno norteamericano durante el fin del 65 y el 66. El general Sherman así lo afirma: "Durante el invierno (65) y primavera de 1866 continuamente y de manera encubierta se proveyeron armas a los liberales mexicanos, al menos 30 mil mosquetes", y Francisco Bulnes hace de ello una de sus tesis centrales: "Puede afirmarse que el número de fusiles y rifles vendidos a precio nominal o muy bajo por el gobierno americano por interpósita persona y los pagados con los bonos del empréstito Carvajal no bajaron de 40 mil con sus respectivas municiones". Siguiendo esta historia podrá comprobarse que ambas afirmaciones son falsas.
Mientras funcionó el embargo de Lincoln que impedía vender armas a los beligerantes, por más que el de México fuera un gobierno reconocido, el gran problema fue encontrar intermediarios. En 1863 el presidente Juárez comisionó "al general Plácido Vega para que, con una fuerte cantidad de dinero que se le dio en Mazatlán y otra que se le autorizó a que girara contra la aduana marítima del puerto", comprara armas en San Francisco. Dos años después el general Plácido Vega no se había presentado ni había traza de que las entregara.