La gloria y el ensueño que forjó una patria,…

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Un oficial de la vieja escuela, general sufrido y sufridor, Nicolás de Régules, había aprendido todo de nuevo en la chinaca: concentrar combatir, ser derrotado, dispersarse, volver a reclutar y concentrar, amagar y así en círculo eterno que desgastaba a cualquier contrincante. La muerte de Salazar y Artega y el que Riva Palacio hubiera asumido la dirección de la guerra en Michoacán, más la persecución sistemática a la que lo había condenado el general imperial Ramón Méndez, lo colocaba en una situación crítica. Estaba intentando rehuir el cerco para volver a juntar a sus desperdigadas guerrillas, buscar un respiro.

El día 11 de enero de 1866 Méndez estuvo a punto de ultimar a los liberales en Tacámbaro, y el 26 de enero forzó el combate en un lugar llamado La Palma. El encuentro fue muy reñido y la victoria estuvo cerca de las manos de los republicanos al apoderarse de un cañón matando a todos los artilleros, pero la caballería imperial cargando en columna cerrada sobre sus flancos los arrolló. El combate se prolongó durante tres horas y a las siete y media de la noche los liberales se replegaron. Las crónicas imperiales daban la cifra de 108 republicanos muertos, pérdida de municiones y víveres y 700 prisioneros, aunque los partes republicanos sólo reconocían 418. Los imperialistas tuvieron 22 muertos del Batallón del Emperador y 54 heridos, todos ellos de lanza, lo que da idea de la pobreza del armamento de la chinaca.

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