La gloria y el ensueño que forjó una patria,…

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1865 fue otro año de desastres para la resistencia republicana. Caen Oaxaca, Acapulco, Guaymas, Sonora se adhiere al imperio, los republicanos de Sinaloa se tienen que retirar a las montañas. Fernando Díaz Ramírez dice en su biografía de Arteaga, quizá exagerando, "solamente se luchó en un estado, Michoacán y sólo resistía un ejército, el Ejército del Centro". Lo cierto es que les echaron encima una fuerza desproporcionada: Van der Smissen con la legión belga; Ramón Méndez con el regimiento del emperador, De Portier con los zuavos, la fuerza de Clinchant, la brigada móvil de Tapia y el español Wenceslao Santa Cruz con su cuarto regimiento de caballería. A pesar de eso Arteaga hace cuartel general en Huetamo y trata de reunificar fuerzas, intenta y fracasa en crear una brigada en Jalisco con Echegaray y Julio García; manda a Régules hacia Tacámbaro, y conoce del intento de Riva Palacio de armar una ofensiva sobre el Estado de México vía Zitácuaro.

El coronel Potier diseñó una ofensiva para empujar a las guerrillas hacia el sur, la tierra caliente, región despoblada, de clima insalubre y escasez de alimentos. Dos columnas, haciendo un arco, y una tercera al mando del coronel Tydgat, integrada por 251 soldados y 80 renegados de caballería, fueron enviadas a Tacámbaro, a 85 kilómetros al sur de Morelia, para empujar a las guerrillas. En el camino toman Acuitzio, donde se alojan en el cementerio, y con la insensibilidad que les es natural queman las cruces para calentarse. Llegarán el 6 o el 7 de abril del 65 a Tacámbaro sin encontrar resistencia. Se fortalecen dentro de las paredes del ex convento de los agustinos y los edificios cercanos. Casi de inmediato levantan un muro defensivo de dos metros con aspilleras. Venían preocupados por las serpientes, porque algún juarista emboscado les había dicho que dormía una abajo de cada piedra. Y ya más en serio, les inquietaba meterse en plaza fuerte republicana. No sabían que lo que hacían al ingresar a paso de marcha rápida, sacando chispas en los adoquines, en el ruinoso pueblo de Tacámbaro, era entrar en la historia, en el lado oscuro de ella.

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