Explore "Las letras patrias" by Manuel Sánchez Mármol on Textopian. Read with annotations and highlights.
Abrimos la sección más importante de la presente labor: importante por lo mucho y bueno que del género se ha producido en nuestro país; importante porque en él, como en ningún otro, puede hallarse y estudiarse nuestra índole característica, la expresión de nuestro nacionalismo; importante, en fin, porque es el poema en que se congloba, se condensa é intensifica la vida de un pueblo en todos sus tonos y matices, en todos sus órdenes y gradaciones, en todos sus géneros y categorías. Prosa como es por la forma, verba soluta, cae bajo los dominios de la poética, por cuanto en ninguna producción como en ella, la gran Maga tiene campo más vasto para realizar sus ficciones, para vestir á la fábula con todos los atavíos de las cosas reales y tangibles. La novela es el drama sin teatro, es decir, con un teatro tan amplio como es el mundo. El lector construye y mueve el escenario y anima á los personajes, ya en el fondo de su gabinete, ya en el banco del jardín, bien en la butaca del vagón en que viaja con la celeridad del viento, ya en la litera ó en la toldilla del barco que lo transporta á través de las bravas ondas; en pleno día, como en cerrada noche; arda el sol, diluvie ó escarche, y, por modo semejante, bajo la obsesión del autor, colabora con él á su manera, asociando al libro sus propias facultades. Última expresión á que ha llegado el arte, es lira, es arpa de infinitas cuerdas; es trompa, es flauta de sonidos infinitos; paleta de inagotables colores, cincel de cortes innúmeros. Todo lo pinta, todo lo traduce, así se trate de aspectos ó situaciones del mundo externo como de fenómenos que se operan en los abismos del yo. Todo lo penetra, todo lo inquiere, todo lo resuelve ó lo explica. En vano la Esfinge se le pondrá delante, dirale su secreto, y caerá muerta á sus pies.
Que hemos florecido en la novela, ¿quién osará negarlo? Que la hemos cultivado en todas sus formas, ¿quién se atreverá á contradecirlo? Que poseemos una novela nuestra, esencialmente mexicana, ¿cómo ponerlo en duda? Allí están de pie, solemnes y victoriosos, Fernández Lizardi, Sierra, Orozco, Cuéllar, Altamirano, Riva Palacio y no pocos más.