Explore "Perico" by Arcadio Zentella on Textopian. Read with annotations and highlights.
Perico lanzaba por milésima vez su grito de ¡Arre, mulas! a las diez de la mañana, cuando observó que sus compañeros de trabajo miraban algo. El amo también dirigió la vista al mismo lugar que todos. Perico vio a dos hombres que conducían un madero de tres metros de longitud, sosteniéndolo cada uno por sus extremos y en el medio, sujeta por sus esquinas, una manta que envolvía algo así como un cadáver.
El último adiós se lo dieron algunos con esta frase: