Explore "Lenin" by Leon Trotsky on Textopian. Read with annotations and highlights.
Los estudiantes expulsados por razones de higiene política eran susceptibles de ser nuevamente enviados a los centros universitarios de su «región natal». Pero en Simbirsk, donde Vladimir había vivido más de diecisiete años, casi el tercio de su vida, no le quedaba ningún pariente. Se le concedió la gracia de residir en el antiguo dominio del abuelo Blank, del que María Alexandrovna había heredado la quinta parte. En diciembre, Ulianov partió para Kokuchkino, a 40 verstas de Kazán. Allí debió vivir, sometido a una discreta vigilancia de la policía, hasta el otoño del año siguiente. Poco después llegó de Kazán la madre, María Alexandrovna, con los hijos menores. La familia habitó un ala del edificio, fría y mal arreglada, que pertenecía a una de las tías. Los vecinos no podían tener muchos deseos de frecuentarse con los Ulianov. Cada tanto aparecía M., el capitán de gendarmería, deseoso de saber si el elemento criminal continuaba siempre en su lugar. Alarmadas, las tías agasajaban al capitán, como es de práctica, con té y masitas o bien con licor de cerezas, y allí terminaba todo. A veces, llegaba también de visita algún primo, que no se distinguía en nada. El invierno en Kokuchkino fue tranquilo. Rugieron los vientos, el alud tapó la casa y hubo que usar la barredora de nieve. La madre suspiraba mirando hacia otro lado. Entonces las tías meneaban la cabeza, con aire de reproche. ¿Qué razón, verdaderamente, habría podido tener este Vladimir para echar a perder así su vida? ¿Lo que le había pasado a Alejandro no era ya suficiente? Por otra parte, se evitaba pronunciar este nombre.
Vladimir llegaba a la edad de la madurez y se había vuelto más atento con su madre que, como en el pasado, prodigaba a sus hijos sus inagotables recursos de amor y de cuidados. Ana, que se distinguía comúnmente por sus cambios de humor, se mostraba más nerviosa que de costumbre después de los sufrimientos padecidos en la prisión. La vida de la familia transcurría lánguidamente, al día, sin saber lo que reservaba el mañana. Afortunadamente, en el ala de la casa, se descubrió el armario con los libros del difunto tío, que gozaba en su tiempo de una reputación de erudito. Tíos de esta categoría, frecuentemente del género de los Gens de trop de Turguenev, se encontraban en numerosas familias de propietarios nobles; al mudarse para el cementerio, dejaban a sus sobrinos y sobrinas uno o dos centenares de libros desparejos y colecciones de viejas revistas rusas. Vladimir se abalanzó sobre el armario del tío. El primer acceso a la lectura «seria» no podía producirse sin desorden; la elección de los libros se hacía al azar, nadie estaba allí para orientarlo y los ojos del joven se perdían devorando con avidez.