Cómo hicimos la Revolución Rusa by Leon Trotsky

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La cuestión que entonces se discutía era la de saber si nos seguirían los socialistas revolucionarios de izquierda. Este grupo estaba en un período de formación, lo que para nuestro punto de vista significaba lentitud y vacilaciones. Durante el primer ímpetu de la revolución, el Partido Socialista Revolucionario era el más fuerte de todos. Los campesinos y soldados, y aun la gran mayoría de los obreros, votaban por los socialistas revolucionarios. Como esta popularidad era inesperada para los mismos que disfrutaban de ella, más de una vez pareció que el partido estaba a punto de naufragar entre los oleajes de su victoria. Efectivamente, todo el mundo quería alistarse bajo las banderas de los socialistas revolucionarios, salvo naturalmente los capitalistas, los grandes terratenientes y los intelectuales de alta posición. Eso pasaba durante el primer período de la revolución, cuando los límites de clases no estaban muy marcados aún, cuando la aspiración común que tendía a la unificación del frente hallaba expresión en el programa nebuloso de un partido dispuesto a amparar las reivindicaciones de la clase obrera, temerosa de perder contacto con los campesinos, de éstos que pedían tierra y libertad, de los intelectuales deseosos de tomar la jefatura de ambas clases, y de los elementos oficiales, empeñados en adaptarse al nuevo orden de cosas. En los tiempos del zarismo, Kerensky estuvo afiliado al Partido del Trabajo, y después de la victoria alcanzada por la revolución, entró en el de los socialistas revolucionarios, lo que aumentó la popularidad de este grupo, ya que Kerensky parecía avanzar hacia el poder. Muchos generales y coroneles, movidos por su adhesión al ministro de Guerra, inscribieron sus nombres en el partido de los que habían sido llamados terroristas. Los viejos socialistas revolucionarios, que pertenecían a la escuela de los intransigentes, comenzaron a sentirse cohibidos en compañía de tantos socialistas revolucionarios de Marzo, es decir de socialistas revolucionarios que anochecieron conservadores y amanecieron progresistas debido al encanto del cambio de régimen.

Resumiendo, pues, el partido contenía en su masa amorfa no sólo las contradicciones internas propias del desarrollo revolucionario, sino las de los prejuicios de las atrasadas masas campesinas y las del sentimentalismo, inestabilidad y ambiciones de los intelectuales. El partido no podía perdurar con aquellos elementos.

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