Cómo hicimos la Revolución Rusa by Leon Trotsky

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En la madrugada del 7 de noviembre, los operarlos de ambos sexos que trabajaban en la imprenta del partido acudieron al Instituto Smolny y nos participaron que el gobierno había ordenado secuestrar nuestro periódico más importante y el nuevo órgano del Soviet de Petrogrado. Las puertas de la imprenta estaban selladas por disposición del gobierno. El Comité militar revolucionario dio inmediatamente la contraorden que correspondía, tomó ambos periódicos bajo su protección y encomendó al valiente Regimiento de Volinia el alto honor de mantener la libertad de la prensa socialista, amparándola contra toda tentativa del adversario. Inmediatamente se reanudó el trabajo, y los periódicos salieron a la hora acostumbrada.

La junta de ministros proseguía en el Palacio de Invierno, pero allí no se veía sino una sombra de gobierno. Políticamente, había dejado de existir. Durante el 7 de noviembre, las tropas soviéticas rodearon gradualmente aquel edificio. A la una de la tarde, yo, como representante del Comité Militar Revolucionario, anuncié en el Soviet que el gobierno de Kerensky había desaparecido, y que en espera de lo que resolviese el Congreso de los Soviets, la autoridad pública sería asumida por el organismo en cuyo nombre hablaba. Lenin había salido de Finlandia pocos días antes y estaba oculto en un barrio obrero de los alrededores. El mismo día 7 llegó secretamente al Instituto Smolny. Juzgando por las noticias de la prensa, creía que habíamos llegado a una transacción con el gobierno de Kerensky. La prensa burguesa había gritado tanto en sus vaticinios de insurrección, se había excitado a sí misma en tal grado, pintando los desfiles de soldados en las calles, el pillaje, los ríos de sangre y la confusión general, que no vio la insurrección cuando ésta se iba desarrollando. Presenció nuestras negociaciones con la Comandancia y las tomó en serio, por su valor nominal. Entretanto, sosegadamente, sin luchas callejeras, sin disparos ni sangre, las dependencias oficiales iban cayendo en nuestro poder, y eran ocupadas por fuerzas de soldados, marineros y Guardias Rojos, en los que imperaba una perfecta disciplina y que obedecían a las órdenes telefónicas emanadas desde un aposento oculto en el tercer piso del Instituto Smolny.

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