Historia de la Revolución Rusa by Leon Trotsky

Explore "Historia de la Revolución Rusa" by Leon Trotsky on Textopian. Read with annotations and highlights.

La guerra iba relajando de día en día el frente, debilitando al gobierno, empeorando la situación internacional del país. A principios de octubre, la flota alemana, así marítima como aérea, entró con gran actividad en operaciones en el golfo de Finlandia. Los marinos del Báltico combatieron valerosamente, esforzándose por cortar el paso del enemigo a Petrogrado. Pero como se daban cuenta con mayor claridad que los restantes sectores del frente de las hondas contradicciones de su situación como vanguardia de la revolución y como participantes forzados de la guerra imperialista, lanzaron desde las estaciones de radio de sus buques un llamamiento a los cuatro puntos cardinales, apelando a la ayuda revolucionaria internacional. «Nuestra escuadra, atacada por fuerzas alemanas superiores, sucumbe en una lucha desigual. Ninguno de nuestros buques rehuirá el combate. Calumniada, anatematizada, nuestra flota cumplirá con su deber. mas no por orden de cualquier despreciable Bonaparte ruso que siga gobernando gracias a la excesiva paciencia de la revolución. ni en aras de los tratados que nuestros gobernantes han concertado con los aliados y que atan con cadenas a la libertad rusa. No; combatirán por la conservación de Petrogrado, hogar de la revolución. En el momento en que las olas del Báltico se tiñen con la sangre de nuestros hermanos, en que las aguas cubren sus cadáveres, alzamos nuestra voz para decir: "¡Oprimidos de todo el mundo, levantad la bandera de la insurrección! "».

Las palabras alusivas a combates y víctimas no eran una frase. La escuadra perdió el buque Slava, y después del combate se retiró. Los alemanes se apoderaron del archipiélago de Monzund. Acaba de volverse otra página negra del libro de la guerra. El gobierno decidió aprovecharse del nuevo revés para trasladar su capital. El antiguo plan resurgía cada vez que se presentaba ocasión favorable para ello. Los círculos dirigentes no sentían la menor simpatía por Moscú, pero sí odio a Petrogrado. La reacción monárquica, el liberalismo, la democracia, aspiraban, uno tras otro, a degradar a la capital, a hacerla postrarse de hinojos, a aplastarla. Los patriotas más extremados sentían ahora un odio mucho más ardiente por Petrogrado que por Berlín.

Reading navigation