Explore "Vida y destino" by Vasili Grossman on Textopian. Read with annotations and highlights.
No había cartas de Tolia. Por la mañana, Liudmila Nikoláyevna se despedía de su madre y su marido que se marchaban al trabajo, y de Nadia, que iba a la escuela. La primera en partir era su madre, que trabajaba como química en el laboratorio de una conocida fábrica de jabones de Kazán. Al pasar por delante de la habitación de su yerno, Aleksandra Vladímirovna a menudo le repetía la misma broma que había oído contar a los obreros en la fábrica: «Nosotros, los patronos, tenemos que estar en el trabajo a las seis, los empleados a las nueve».
Después de ella era Nadia la que se iba caminando a la escuela, aunque, hablando con propiedad, no iba caminando, sino que salía al galope porque no había habido manera de hacerla levantar a tiempo de la cama, y en el último minuto saltaba de la cama, cogía las medias, la chaqueta, los libros, los cuadernos, se atragantaba con el té al desayunar y, corriendo escaleras abajo, se anudaba la bufanda y se enfundaba el abrigo.