Explore "El poder y el delirio" by Enrique Krauze on Textopian. Read with annotations and highlights.
Si América Latina tuviera conciencia clara de su historia política y valorara la democracia, todos los países, comenzando por Venezuela, habrían celebrado el centenario de Betancourt. No hay en la historia de nuestros países un estadista de la estatura política, intelectual y moral de Betancourt. Ni de su estatura ni de su clarividencia. Su tragedia fue haber llegado al poder al mismo tiempo que Fidel Castro. «Hay dos vías en Latinoamérica -dijo el gran historiador estadounidense Arthur Schlesinger Jr.
-, la de Betancourt y la de Castro». Por varias generaciones, la juventud universitaria se enamoró de Castro. «Fidel lo borró del altar cívico de América Latina», dice Alejandro Rossi, que recuerda la absoluta indiferencia con que los jóvenes intelectuales de los sesenta vieron a Betancourt cuando visitó México. Lo más extraño de todo es la incandescencia de ese encanto: en varias universidades del continente la juventud sigue enamorada de Castro y su revolución. Nadie fuera de Venezuela recuerda a Betancourt. Y por lo visto Venezuela misma ha dejado pasar en sordina el centenario del más ilustre demócrata de su historia. Los restos de Betancourt, sobra decirlo, no están, quizá nunca estarán, en el Panteón Nacional.