Explore "El poder y el delirio" by Enrique Krauze on Textopian. Read with annotations and highlights.
Igual que su mentor, el padre Ugalde, Yon Goicoechea es vasco. Es vasco hasta en las dimensiones: grande, ancho, con antebrazos de leñador o pelotari. Tiene 23 años y conserva la sonrisa de niño, pero su discurso tiene poco de infantil, salvo la frescura. Estudia Leyes en la Universidad Católica Andrés Bello. Su padre está preso por un homicidio cometido en defensa propia que las autoridades han querido utilizar como arma de chantaje. En los meses previos al 2 de diciembre, Yon se vio en la disyuntiva de elegir, literalmente, entre su padre y su causa. Eligió la causa, en espera de que su padre defienda la suya. Antes de la jornada electoral (provisto ya de un chaleco antibalas) fue a despedirse de él, por si no volvía a verlo. «Tenía miedo -me confiesa-, pero en algún momento rompí mi barrera».
Yon piensa que Chávez «perdió su centro discursivo» y celebra que los estudiantes hayan «ganado en el mercado chavista». Ahora buscarán arrebatarle «el mercado de la pobreza», discurriendo «ideas concretas para necesidades concretas». «Nos urge conocer, de verdad, al venezolano». La conversación tiene lugar a bordo de una camioneta Chevrolet (que presumo blindada). Yon ocupa el asiento delantero junto al chofer. Atrás me acompaña Gustavo Tovar, maestro de Yon y de otros líderes estudiantiles. Mexicano por parte de madre, radicado en Venezuela desde hace años, Tovar ha sido inspirador, guía y cronista del movimiento estudiantil. El recorrido a la sede de El Nacional (donde nos reuniremos con varios líderes estudiantiles) es corto pero nos permite charlar. Yon recibe una llamada intempestiva. Es Marisabel, la exesposa de Chávez. Su postura razonada y abierta sobre la inconstitucionalidad de la Reforma había calado en los electores, pero ahora estaba «angustiadísima» por las represalias que Chávez pudiera tomar contra ella, quitándole la custodia de su pequeña hija. «Tranquila, Marisabel», la consuela Yon repetidamente, como si de él dependiera la situación. Y quizá depende, en alguna forma, porque un escándalo íntimo llevado a los medios es lo último que Chávez necesita en este momento. Por lo demás, hasta sus críticos más acerbos admiten que ha sido un padre atento y amoroso con sus cuatro hijos, los tres (ya mayores) de su primer matrimonio, y Rosinés, que procreó con Marisabel.