Explore "El poder y el delirio" by Enrique Krauze on Textopian. Read with annotations and highlights.
La sacralización de la historia es costumbre antigua en América Hispana. En estos países católicos, las historias nacionales (sus héroes y sus villanos) se volvieron paráfrasis inmediatas de la historia sagrada, con sus martirologios, sus días de guardar y sus profusos retablos de santos laicos. Pero en Venezuela, donde la presencia de la Iglesia fue mucho menos rica e influyente que en México, Perú o Ecuador, la transferencia de lo sagrado a lo profano fue más intensa acaso por la falta de «competencia» con las figuras estrictamente religiosas como la virgen de Guadalupe o los santos patronos de México. Adicionalmente, la piedad cívica de Venezuela tuvo la particularidad de ser monoteísta, es decir, de centrarse en la vida y milagros de un solo hombre deificado: Simón Bolívar.
Además de los desfiles, procesiones, discursos, ceremonias, concursos, inauguraciones, pompas, develación de monumentos, publicaciones iconográficas y demás actos sacramentales en honor de Bolívar que los sucesivos gobiernos de Venezuela (oligárquicos, ilustrados, civiles, militares, dictatoriales, casi todos personalistas) prohijaron «para el pueblo» (y para afianzar su propia legitimidad), desde 1842 fue perceptible el nacimiento de un culto distinto y espontáneo, un culto por «el pueblo». Según se dice, a este mito lo alimenta una suerte de penitencia del pueblo por la culpa de haber dejado morir a Bolívar, en 1830, en tierras colombianas. Como en la interpretación de Freud en Moisés y el monoteísmo, Bolívar había sido endiosado por el mismo pueblo que, con su indiferencia, lo sacrificó. Esta versión caribeña del «pecado original» cruzó los siglos: propuesta por primera vez en un famoso texto de 1842, fue repetida casi intacta en 1980 por el mismísimo arzobispo de Venezuela. Desde la silla de su cátedra, aseguró que las desdichas de su país, las dictaduras padecidas en el siglo XIX y XX, provenían de la supuesta traición cometida contra Bolívar.