Explore "Macunaíma" by Mário de Andrade on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al otro día bien temprano, el héroe, padeciendo morriña de Ci, la compañera por siempre inolvidable, se agujeró la bemba inferior e hizo de la muiraquitán un tembetá[18]. Sintió que iba a llorar, llamó de prisa a los manos, se despidió de las icamiabas y partió.
Gandulearon gandulearon como perro sin macate por todos aquellos matos sobre los cuales Macunaíma imperaba ahora. Por todas partes recibía homenajes y era siempre acompañado por su séquito de guacamayos-rojos y carapaicos. En las noches de amargura se encaramaba en una palmera de asaí de frutas amoratadas como el alma suya y se ensimismaba en el cielo con la figuración acicalada de Ci, «¡Marvada! », así gemiqueaba. Entonces se quedaba muy afligido, harto, e invocaba a los dioses buenos al cantar cantares de larga duración.