Explore "La Regenta" by Leopoldo Alas on Textopian. Read with annotations and highlights.
Don Francisco de Asís Carraspique era uno de los individuos más importantes de la Junta Carlista de Vetusta, y el que hizo más _sacrificios pecuniarios_ en tiempo oportuno. Era político porque se le había convencido de que la causa de la religión no prosperaría si los buenos cristianos no se metían a gobernar. Le dominaba por completo su mujer, fanática ardentísima, que aborrecía a los liberales porque allá en la otra guerra, los _cristinos_ habían ahorcado de un árbol a su padre sin darle tiempo para confesar. Carraspique frisaba con los sesenta años, y no se distinguía ni por su valor ni por sus dotes de gobierno; se distinguía por sus millones. Era el mayor contribuyente que tenía en la provincia la soberanía subrepticia de don Carlos VII. Su religiosidad (la de Carraspique) sincera, profunda, ciega, era en él toda una virtud; pero la debilidad de su carácter, sus pocas luces naturales y la mala intención de los que le rodeaban, convertían su piedad en fuente de disgustos para el mismo don Francisco de Asís, para los suyos y para muchos de fuera.
Doña Lucía, su esposa, confesaba con el Magistral. Este era el pontífice infalible en aquel hogar honrado. Tenían cuatro hijas los Carraspique; todas habían hecho su primera confesión con don Fermín; habían sido educadas en el convento que había escogido don Fermín; y las dos primeras habían profesado, una en las Salesas y otra en las Clarisas.