Zadig Ó El Destino by Voltaire

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Apeló Zadig á la amistad y á la filosofia para consolarse de los males que le habia hecho la fortuna. En un arrabal de Babilonia tenia una casa alhajada con mucho gusto, y allí reunia las artes y las recreaciones dignas de un hombre fino. Por la mañana estaba su biblioteca abierta para todos los sabios, y por la tarde su mesa á personas de buena educacion. Pero muy presto echó de ver que era muy peligroso tratar con sabios. Suscitóse una fuerte disputa acerca de una ley de Zoroastro, que prohibe comer grifo. ¿Como está prohibido el grifo, decian unos, si no hay tal animal? Fuerza es que le haya, decian otros, quando no quiere Zoroastro que le comamos. Zadig, por ponerlos conformes, les dixo: Pues no comamos grifo, si grifos hay; y si no los hay, ménos los comerémos, y así obedecerémos á Zoroastro.

Habia un sabio escritor que habia compuesto una obra en trece tomos en folio acerca de las propiedades de los grifos, gran teurgista, que á toda priesa se fué á presentar ante el archimago Drastanés, el mas necio, y á conseqüencia el mas fanático de los Caldeos de aquellos remotos tiempos. En honra y gloria del Sol, habria este mandado empalar á Zadig, y rezado luego el breviario de Zoroastro con mas devota compuncion. Su amigo Cador (que un amigo vale mas que un ciento de clérigos) fué á ver al viejo Drastanés, y le dixo así: Gloria al Sol y á los grifos; nadie toque al pelo á Zadig, que es un santo, y mantiene grifos en su corral, sin comérselos: su acusador sí, que es herege. ¿Pues no ha sustentado que no son ni solípedos ni inmundos los conejos? Bien, bien, dixo Drastanés, meneando la temblona cabeza: á Zadig se le ha de empalar, porque tiene ideas erróneas sobre los glifos; y al otro, porque ha hablado sin miramiento de los conejos.

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