Explore "La Euthanasia" by Amado Nervo on Textopian. Read with annotations and highlights.
Entramos en la vida llorando (esto de puro sabido se calla); entramos furiosos, a grito herido; se diría que el país de donde venimos es tan placentero y luminoso, que por contraste aquí sólo hay obscuridad, dolor y tristeza. Cuando la señora Pipper volvía de sus «trances», solía decir palabras como éstas: «Qué obscura está la habitación»… «Qué fealdad la de la gente que me rodea»… «He regresado de allá en una cuerda de plata»… «Abrid las ventanas… más luz».
Sí, quizá con harta razón, entramos en la vida retorciéndonos y chillando; quizá la tragedia verdadera está en las cunas y no en los sepulcros. Esto lo sabremos un día… Pero ¿por qué si entramos llorando no salimos riendo? Pues por culpa de los médicos; por el atraso, por la crueldad o por la ignorancia de algunos médicos, que son productores de dolor; que se complacen, basados en ultrahipotéticas esperanzas de vida, en inyectarnos aceite alcanforado, coñac, café… para prolongar atrozmente nuestra agonía, con torquemadismos espantosos…