Read "Los Raros" by Rubén Darío online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
El retrato que el holandés Byvanck hizo de Moreas en un libro publicado no ha mucho tiempo, no es de una completa exactitud. Moreas no está contento con la imagen pintada por el Teniers filólogo, como llama Anatole France al profesor de Hilversum. Ha llegado hasta calificar a éste, en el calor de la conversación, sencillamente de «imbécil.» Palabra que no osé contradecir, aunque me pareció harto dura e injusta, y de todo punto inaplicable para el excelente villonista, para el «sabio pensativo» para quien, según el mismo France, con todo y ser filólogo, se interesa por el movimiento intelectual.
Cierto es que en su libro, a vuelta de justos elogios y de una admiración que demuestra indudablemente su sinceridad, nos ha dado un Moreas caricatural, un Moreas inadmisible para los que tenemos el gusto de conocerle. Y no puede ser excusa salvadora, el que las anécdotas bufas referentes al poeta estén en la narración de Byvanck puestas en los labios de antiguos amigos del hoy jefe de la escuela romana. ¡Todo lo contrario! Bien sabe el pensador de Holanda que del «cher confrère» y del «cher maître» gustan mucho los dientes literarios en todas partes del mundo. Un mordisco al «querido compañero», un arañazo al «querido maestro», no hay nada mejor, principalmente cuando ello va acompañado con la salsa del ridículo! Es un don especial del lobo humano. Al lobo humano parece que el arte le pusiese en el hígado una extraña y áspera bilis. Hasta hoy no se ha visto sino muy raras veces una amistad profunda, verdadera, desinteresada, y dulcemente franca, entre dos hombres de letras. ¡Y los poetas, esos amables y luminosos pájaros de alas azules! Los triunfos de Moreas, enconaron a muchos de sus colegas.