Read "Los Raros" by Rubén Darío online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Mi distinguido colega en «La Nación», Dr. Schimper, se ocupó el año pasado del primer volumen de «Entartung» de Max Nordau. Ha poco ha aparecido el segundo: la obra está ya completa. Una endiablada y extraña Lucrecia Borgia, doctora en medicina, dice en alemán, para mayor autoridad, con clara y tranquila voz, a todos los convidados al banquete del arte moderno: «Tengo que anunciaros una noticia, señores míos, y es que todos estáis locos.» En verdad Max Nordau no deja un solo nombre, entre todos los escritores y artistas contemporáneos, de la aristocracia intelectual, al lado del cual nos estriba la correspondiente clasificación diagnóstica: «imbécil», «idiota», «degenerado», «loco peligroso». Recuerdo que una vez al acabar de leer uno de los libros de Lombroso, quedé con la obsesión de la idea de una locura poco menos que universal. A cada persona de mi conocimiento le aplicaba la observación del doctor italiano y resultábame que, unos por fas, otros por nefas, todos mis prójimos eran candidatos al manicomio. Recientemente una obra nacional digna de elogio, «Pasiones», de Ayarragaray, llamó mi atención hacia la psicología de nuestro siglo, y presentó a mi vista el tipo del médico moderno que penetra en lo más íntimo del sér humano. Cuando la literatura ha hecho suyo el campo de la fisiología, la medicina ha tendido sus brazos a la región obscura del misterio.
Allá a lo lejos vense a Moliére y Lesage atacar a jeringazos a los esculapios. Había cierta inquina de los hombres de pluma contra los médicos, y el epigrama y la sátira teatral no desperdiciaban momento oportuno para caer sobre los hijos de Galeno. Sangredo había nacido, y no todo él del cerebro de su creador, pues sabemos por Max Simón que Sangredo vivió en carne y hueso en la personalidad del médico Hecquet.