Explore "Américo Vespucio" by Gregorio Pérez Gomar on Textopian. Read with annotations and highlights.
Magnífico Señor: Despues de la humilde reverencia y debida recomendacion etc. Tal vez V. M. y notoria sabiduría se admirará de la temeridad con que oso escribirle tan minuciosamente, teniendo su atencion ocupada siempre en los consejos y negocios del buen gobierno de esa Excelsa República, y me tendrá por presuntuoso y vano por ponerme á escribirle cosas impertinentes á vuestro Estado, que ni tampoco son recreativas y que fueron ya referidas á Fernando Rey de Castilla; pero la confianza que tengo en vuestra indulgencia y en la novedad de mis noticias, que no se encuentran escritas ni por los antiguos ni por los modernos: me deciden á hacerlo. La causa principal que me mueve á escribiros ha sido el habermelo rogado el portador de la presente, Benvenuto Benvenuti, nuestro compatriota, muy servidor de V. M. y muy amigo mio, que encontrándose en esta ciudad de Lisboa me rogó que diese parte á V. M. de las cosas vistas por mí en diversas playas del mundo, en cuatro viajes que he hecho para descubrir nuevas tierras, dos por mandato del Rey de Castilla por el Gran Océano, hácia el Occidente y los otros dos por órden del poderoso Don Manuel, Rey de Portugal, hácia el Sur, diciéndome que V. M. encontraria placer en ello y además me he decidido á hacerlo porque creo que V. M. ha de contarme en el número de sus servidores, recordando como en el tiempo de nuestra juventud, era vuestro amigo, aprendiendo juntos los principios de la gramática bajo la buena direccion y doctrina del Venerable religioso de San Márcos, Fray Jorge Antonio Vespucio, tio mio, cuyos consejos y doctrinas pluguiese á Dios hubiera seguido, que como dice el Petrarca, seria otro hombre de lo que soy. De cualquier modo que sea algo he aprovechado porque he practicado siempre la virtud y aunque estas mis frivolidades no convengan á vuestra seriedad, diré como decia Plinio[8] á Mecenas: "en algun tiempo soliais recrearos con mis chanzas". Aunque V. M. esté ocupado en los públicos negocios, alguna hora tendreis de descanso para gastar algun tiempo con las cosas ridículas ó recreativas, y asi como el hinojo[9] se dá despues de las deliciosas bebidas para disponerlas á mejor digestion, asi podreis por descanso de tantas ocupaciones, mandar leer esta mi carta, para que os aparte algo del asíduo pensamiento en las cosas públicas.
V. M. sabrá como el motivo de mi venida al Reyno de España fué por causa de comercio y como seguí en esta ocupacion por cerca de cuatro años, en los cuales conocí las variaciones de la fortuna y los cambios de sus bienes transitorios, teniendo de repente al hombre en la cima de la felicidad y ya los priva de esos bienes que pueden decirse prestados, de modo que conocido el contínuo trabajo que se pone en conquistarlos sometiéndose á tantos disgustos y peligros, resolví dejar el comercio y dedicarme á cosa mas laudable como ir á ver el Mundo y sus maravillas, para lo cual se me ofreció tiempo y oportunidad habiendo el Rey Don Fernando de Castilla ordenado que saliesen cuatro buques á descubrir nuevas tierras hácia el Occidente, habiendo sido electo por Su Alteza para que fuese en esa flota á ayudar á descubrir. Partimos del puerto de Cádiz á 10 de Mayo de 1497[10] y tomamos nuestro camino por el Océano; en cuyo viaje empleamos diez y ocho meses y descubrimos mucha tierra firme é infinitas islas, casi todas habitadas, de que no hablan los antiguos por no haber tenido noticias, pues si bien recuerdo, he leido que este mar era tenido por deshabitado y de esta misma opinion fué Dante, nuestro poeta, en el Capítulo XXVI del Infierno, en que finje la muerte de Ulíses; en cuyos viajes vi cosas muy maravillosas, como daré cuenta á V. M.