Explore "El tesoro de los incas" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Así como el carbón de algunas minas desarrolla los gases mefíticos que componen la llamada malaria, así el de otras desprende el óxido de carbono, que provoca explosiones, aunque casi siempre limitadas, y el de otras desarrolla el gas detonante o grisú. Éste es el más terrible de todos. Se encuentra siempre en las minas, cuyo carbón contiene muchas materias bituminosas y volátiles. Es una combinación de hidrógeno y carbono, y cuando se desprende produce un hervor cuyo sonido recuerda, como dijimos, al del agua gaseosa al escaparse de una botella.
Basta entonces la rotura de una lámpara, una cerilla encendida, una simple chispa, para provocar una explosión de las más espantosas. Nada resiste a ella. El estallido se propaga con la rapidez del relámpago por toda la mina; derriba montañas de carbón, echa por tierra los carros, destroza los cercados, levanta los entarimados, ciega o mata a los mineros, apaga las lámparas, sube por los pozos y se lanza al exterior con empuje formidable. Su violencia es tal que la temperatura se eleva hasta convertir instantáneamente en cok el carbón de las minas.