Read "El Salvaje" by Horacio Quiroga online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
A la mañana siguiente, no obstante, el hombre frugívoro estaba de nuevo en su apostadero, atisbando la entrada de la caverna. Vio así salir a los comedores de carne, que se encaminaban al bosque precisamente en su dirección. El arborícola evitó el encuentro saltando de rama en rama; y acurrucado en una alta horqueta, miró pasar a la familia sedienta, en procura de agua. Cuando hubo transcurrido un largo rato, bajó del árbol y se dirigió a la caverna.
Dentro de la gruta, el olor flavo imperaba aún sobre el de las entrañas descompuestas del cervato, y las anchas narices del hombre terciario aspiraron con porfiada plenitud el tufo del enemigo. Huesos con carne adherida yacían desparramados. El arborícola revolvió curioso y titubeante los despojos sangrientos. Súbitamente se apoderó de un hueso y huyó al galope en tres patas.