Los bandidos del rif by Emilio Salgari — Read

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Mientras tanto, el agua no dejó de subir. En el mar debía estar produciéndose una gran marea, y la caverna tendría comunicaciones misteriosas, que hacían se notara allí. La tormenta sin embargo había cesado completamente, porque desde la grieta hacia abajo no soplaba el aire. Las algas que parecían sacudidas por dos corrientes que se juntaban en la base de la roca, puesto que allí era donde se acumulaban y se amontonaban, quién sabe por qué causa, giraban a velocidades vertiginosas; luego se detenían, reanudando poco después el movimiento circular. Janko y Zamora, impresionados por el fenómeno que no podían explicar, se retiraron nuevamente a la cima de la roca, mirando angustiosamente el agua que arrastraba las plantas marinas. Pasó otra hora, que pareció una noche entera para los dos desgraciados, que creían estar destinados a servir de comida infaliblemente a las pitones, ya que suponían no haber destruido a todas, cuando Janko, que no quería exponer a Zamora a un final horrible, aunque quizás en el fondo de su corazón empezaba a odiarla, levantó su voz diciendo:

-¡Huyamos!… El agua no se retira.

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