La silla del águila by Carlos Fuentes — Read

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Ha muerto Lorenzo Terán. Ha muerto el señor Presidente. ¿Seguimos vivos tú y yo, María del Rosario? No, no te embarco en mi propio funeral de vikingo: una nave en llamas cuyo velamen de fuego no sobrevive a la noche de la muerte. No. Hago con mi amiga un repaso necesario que quizá sea, también, un responso fúnebre. ¿Fue grande Lorenzo Terán? ¿Pudo serlo y no lo fue? ¿O sólo fue lo que siempre fue: un hombre decente, bien intencionado y - de mortuis hil nisi bonum - sin verdadera inteligencia?

Su Presidencia no pasará a la historia. Terán dejó que sucedieran las cosas porque ese era su credo demócrata. Pero no pasó lo que él quiso que pasara. Ve el panorama. Vacíos de poder, cacicazgos arraigados, intrigas palaciegas incontroladas… pero no la sociedad civil gobernándose a sí misma en un ambiente de tolerancia, respeto e iniciativa moral. Y la muerte de un hombre honrado, decente, María del Rosario, a ti, a mí, a Bernal Herrera, nos consta más que a nadie. Pero yo te pregunto, ¿puede alguien, con fuerza, si no pasivamente, cambiar realidades con palabras? Las palabras que la civilización ama -Ley, Seguridad, Democracia, Progreso, se vuelven pardas, angustiosas, falsarias, aquí en México y en toda esta región más dolorosa, Latinoamérica. ¿Qué puede hacer alguien como yo, el llamado "Séneca", si no proponer utopías radicales, ya que la topía es, ella misma, tan absoluta en su dominio de la política? Ante la extrema realpolitik, yo propuse una idealpolitik igualmente extrema.

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