Explore "La silla del águila" by Carlos Fuentes on Textopian. Read with annotations and highlights.
No sé qué admirar más, señora, si su belleza o su crueldad. La belleza sólo tiene un nombre y no hay sinónimo que valga. ¿Con qué puedo comparar lo incomparable? No me juzgue usted inocente ni ciego. He visto a muchas (¿demasiadas?) mujeres desnudas. Y sin embargo, viéndola a usted, por primera vez vi de verdad a una hembra plenamente despojada de ropa.
No me refiero sólo a su belleza, señora -de eso tendré tiempo de hablar-, sino a la totalidad obscena de su desnudez. Tampoco quiero jugar con las palabras (usted me atribuye más inteligencia de la que mis años acumulan apenas: una torrecilla corta de referencias cultas), pero cuando digo que su desnudez es obscena, fuera de escena, incomparable e invisible, inimaginable si no apareciese fuera del escenario de su -mi- habitual existencia, de su - nuestra vida cotidiana, de la manera como usted se viste y se muestra en el mundo, desnuda, fuera del escenario, obscena y de mal augurio, repito, es usted otra, la misma, ¿me entiende?, pero transfigurada, como si al despojarse de la ropa anticipase usted, señora, una hermosura final, la de una muerte eternamente viva.