Los Trabajos de Persiles y Segismunda by Miguel de Cervantes Saavedra

Read "Los Trabajos de Persiles y Segismunda" by Miguel de Cervantes Saavedra online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.

-Paréceme, hermano mío -dijo Auristela a Periandro-, que los trabajos y los peligros no solamente tienen jurisdición en el mar, sino en toda la tierra; que las desgracias e infortunios, así se encuentran sobre los levantados sobre los montes como con los escondidos en sus rincones. Esta que llaman Fortuna, de quien yo he oído hablar algunas veces, de la cual se dice que quita y da los bienes cuando, como y a quien quiere, sin duda alguna debe de ser ciega y antojadiza, pues, a nuestro parecer, levanta los que habían de estar por el suelo, y derriba los que están sobre los montes de la luna. No sé, hermano, lo que me voy diciendo, pero sé que quiero decir que no es mucho que nos admire ver a esta señora, que dice que se llama Feliciana de la Voz, que apenas la tiene para contar sus desgracias. Contémplola yo pocas horas ha en su casa, acompañada de su padre, hermanos y criados, esperando poner con sagacidad remedio a sus arrojados deseos; y agora puedo decir que la veo escondida en lo hueco de un árbol, temiendo los mosquitos del aire, y aun las lombrices de la tierra. Bien es verdad que la suya no es caída de príncipes, pero es un caso que puede servir de ejemplo a las recogidas doncellas que le quisieren dar bueno de sus vidas. Todo esto me mueve a suplicarte, ¡oh hermano!, mires por mi honra, que, desde el punto que salí del poder de mi padre y del de tu madre, la deposité en tus manos; y, aunque la esperiencia, con certidumbre grandísima, tiene acreditada tu bondad, ansí en la soledad de los desiertos como en la compañía de las ciudades, todavía temo que la mudanza de las horas no mude los que de suyo son fáciles pensamientos. A ti te va; mi honra es la tuya; un solo deseo nos gobierna y una misma esperanza nos sustenta; el camino en que nos hemos puesto es largo, pero no hay ninguno que no se acabe, como no se le oponga la pereza y la ociosidad; ya los cielos, a quien doy mil gracias por ello, nos ha traído a España sin la compañía peligrosa de Arnaldo; ya podemos tender los pasos seguros de naufragios, de tormentas y de salteadores, porque, según la fama que, sobre todas las regiones del mundo, de pacífica y de santa tiene ganada España, bien nos podemos prometer seguro viaje.

-¡Oh hermana -respondió Periandro-, y cómo por puntos vas mostrando los estremados de tu discreción! Bien veo que temes como mujer y que te animas como discreta. Yo quisiera, por aquietar tus bien nacidos recelos, buscar nuevas experiencias que me acreditasen contigo; que, puesto que las hechas pueden convertir el temor en esperanza, y la esperanza en firme seguridad, y desde luego en posesión alegre, quisiera que nuevas ocasiones me acreditaran. En el rancho destos pastores no nos queda qué hacer, ni en el caso de Feliciana podemos servir más que de compadecernos de ella; procuremos llevar esta criatura a Trujillo, como nos lo encargó el que con ella nos dio la cadena, al parecer, por paga.

Reading navigation