Explore "El Doctor Centeno" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
La mesa de don Pedro había ido ganando, día por día, en variedad y riqueza. Modestísima en los comienzos de la vida capellanesca, era últimamente casi suntuosa. Sobre los regalos que le hacían las monjas, tenía los de sus discípulos, que no eran cualquier cosa. El 29 de junio se renovaba allí el espectáculo eructante de las Bodas de Camacho. En tal día y en otros marcados, convidaban los Polos a algún amigo o pariente, no faltando nunca don Florencio ni el fotógrafo. Doña Saturna iba puntual a hacer sus primores, y desde muy temprano, ella y doña Claudia se metían en la cocina y estaban todo el día machacando especias, haciendo salsas y picadillos, revolviendo peroles. Generalmente, por ser casi todos los comensales extremeños, las dos señoras hacían el frite, guiso de cordero a la extremeña, que era recibido en la mesa con aclamaciones patrióticas.
Cuando iban a comer las dos chicas de Sánchez Emperador, don Pedro estaba en sus glorias, y se esmeraba en ser muy fino y galante con ellas, especialmente con la mayor, que era la hermosa.