Explore "El Maestro de Carrasqueda" by Miguel de Unamuno on Textopian. Read with annotations and highlights.
-Discurrid con el corazón, hijos míos, que ve muy claro, aunque no muy lejos. Te llaman a atajar una riña de un pueblo, a evitarle un montón de sangre, y oyes en el camino las voces de angustia de un niño caído en un pozo: ¿le dejarás que se ahogue? ¿Le dirás: «No puedo pararme, pobre niño; me espera todo un pueblo al que he de salvar?». ¡No! Obedece al corazón: párate, apéate del caballo y salva al niño. ¡El pueblo., que espere! Tal vez sea el niño un futuro salvador o guía, no ya de un pueblo, sino de muchos.
Esto solía decir don Casiano, el maestro de Carrasqueda de Abajo, a unos cuantos mozalbetes que, en la escuela, mientras se lo decía, le miraban con ojos que parecían oírselo. ¿Le entendían acaso? He aquí una cosa de que, a fuer de buen maestro, jamás se cuidó don Casiano cuando ante ellos se vaciaba el corazón. «Tal vez no entiendan del todo la letra -pensaba-; pero lo que es la música.». Había, sin embargo, entre aquellos chicuelos uno para entenderlo: nuestro Quejana.