Explore "La Tía Tula" by Miguel de Unamuno on Textopian. Read with annotations and highlights.
El otro grupo lo formaban en la familia, no Rosita y Ramiro, sino la mujer de este, Caridad, y aquella su cuñada. Aunque en rigor era Rosita la que buscaba a Caridad y le llevaba sus quejas, sus aprensiones, sus suspicacias. Porque iba, por lo común, a quejarse. Creíase, o al menos aparentaba creer, que era la desdeñada y la no comprendida. Poníase triste y como preocupada en espera de que le preguntasen qué era lo que tenía, y como nadie se lo preguntaba sufría con ello. Y menos que los otros hermanos se lo preguntaba Manolita, que se decía: «¡Si tiene algo de verdad y más que gana de mimo y de que nos ocupemos especialmente en ella, ya reventará!» Y la preocupada sufría con ello.
A su cuñada, a Caridad, le iba sobre todo con quejas de su marido; complacíase en acusar a este, a Ramiro, de egoísta. Y la mujer le oía pacientemente y sin saber qué decirle.