Utopía by Tomás Moro — Read

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En Utopía, todos, hombres y mujeres, saben bien el oficio de labrador. Les es ensefiado desde la infancia, ya sea en las escuelas, por medio de lecciones orales, ya cual si fuera un juego en los campos cercanos a la ciudad. Los niños aprenden, no solamente mirando, sino trabajando ellos real y verdaderamente, con lo que acostumbran sus cuerpos al trabajo. Además de este oficio, que, como he dicho, han de saberlo todos, aprenden otro, como tejedor de lana o lino, albañil, carpintero o herrero. Casi puede decirse que no se conocen más oficios en Utopía. La hechura de los vestidos es igual en toda la isla, aunque se diferencian entre sí los de los varones y las hembras, los de los casados y los célibes; y esto desde tiempo inmemorial, pues son a la vez agradables a los ojos y decentes, y, como son holgados, puede moverse el cuerpo cómodamente dentro de ellos, y sirven para el invierno y el verano. Cada familia se hace los suyos. De esta manera todos aprenden uno de los oficios antedichos, tanto los hombres como las mujeres. Mas siendo éstas más débiles, hacen los trabajos menos duros; por lo común trabajan la lana y el lino. Los otros oficios, por ser más pesados, son para los hombres. Los más, por natural inclinación, siguen los oficios que ejercen sus padres. Pero si a alguno le gusta más otro oficio, es agregado por adopción a una de las familias que lo ejerce. Los magistrados y su progenitor velan por que su maestro sea un cuerdo y honrado padre de familia. Y si sabiendo ya un oficio, alguien desea aprender otro, se lo consienten igualmente. Luego podrá ejercer el que le plazca, a menos que la ciudad tenga más necesidad de uno que de otro.

El principal y casi único deber de los sífograntes es procurar que nadie esté ocioso, que todos ejerzan su oficio cuidadosa y diligentemente, mas sin cansarse como bestias de carga trabajando continuamente desde por la mañana temprano hasta la noche. Esto sería peor que ser esclavo, y es, sin embargo, la vida de los trabajadores en todas partes, menos en Utopía. Dividen allí el día y la noche en veinticuatro horas; trabajan tres antes del mediodía y luego vanse a comer; después de la comida, cuando ya han descansado dos horas, trabajan otras tres y van a cenar. Cuentan las horas desde el mediodía.

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