Explore "Utopía" by Tomás Moro on Textopian. Read with annotations and highlights.
Os he referido y descrito, tan fielmente como he podido, las instituciones de aquella República; que, a mi parecer, es no solamente la mejor, sino la única que tiene derecho a llamarse República. Porque en otros lugares hablan de República, pero los ciudadanos sólo buscan su provecho particular. En Utopía, como no hay bienes particulares, todos cuidan de los negocios públicos. Y, en verdad, entrambas partes tienen buenas razones para obrar así. En otras Repúblicas, aunque sean ricas y florecientes, ¿no saben los ciudadanos que habrán de morir de hambre si no hacen provisiones? Les acucia la necesidad de procurar por ellos más que por el pueblo, es decir, por los demás. Por el contrario, en Utopía, donde todas las cosas son de todos, no cabe duda que a nadie le faltará lo necesario, puesto que los almacenes, las casas y los graneros comunes están suficientemente proveídos. Allí no se distribuyen los bienes con mezquindad, y por eso no hay mendigos ni pobres, y, aunque nadie tenga nada, todos son ricos. Pues ¿hay mayor riqueza que vivir alegre y sosegadamente, libre de inquietudes, sin haber de procurarse el mantenimiento, sin ser vejado por las importunas quejas de la esposa, sin temer la pobreza para el hijo ni afligirse porque no se puede dar dote a la hija? Sí; no han de preocuparse por el bienestar de sus esposas, sus hijos, sus sobrinos, los hijos de sus hijos, toda su posteridad, por larga que sea. Y no hay menos provisiones para quienes ya no pueden trabajar que para quienes trabajan, porque la edad o la enfermedad les haya quitado las fuerzas.
¿Quién osará comparar esta equidad con la justicia de otras naciones en las que yo no hallo la menor traza de equidad y justicia? Pues ¿qué justicia es la que permite que un rico cambista o un usurero, o cualquiera de los que no hacen nada o que, si algo hacen, no es necesario para la República, lleve una agradable vida de ocio y de placeres, mientras los pobres gañanes, los carreteros, los herreros, los carpinteros y los labradores han de trabajar continuamente como bestias de carga, a despecho y pesar de ser tan útiles que sin ellos ninguna República duraría más de un año, llevando una desventurada vida de estrecheces que hace parecer mejor la de los asnos. los cuales ni trabajan tanto como esos infelices hombres ni piensan en lo venidero? A esos desgraciados, a los que hacen padecer el tormento de un trabajo infructuoso para ellos, puesto que el jornal que les pagan no basta para que puedan mantenerse y ahorrar un poco para el día de mañana, a esos desdichados, digo, les mata el temor de que llegue la vejez acompañada de la pobreza.