Torquemada en la Hoguera by Benito Pérez Galdós

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El día siguiente fue todo sobresalto y amargura.

Quevedo opinó que la enfermedad era inflamación de las meninges, y que el chico estaba en peligro de muerte. Esto no se lo dijo al padre, sino a Bailón, para que le fuese preparando. Torquemada y él se encerraron, y de la conferencia resultó que por poco se pegan, pues D. Francisco, trastornado por el dolor, llamó a su amigo embustero y farsante. El desasosiego, la inquietud nerviosa, el desvarío del tacaño sin ventura, no se pueden describir. Tuvo que salir a varias diligencias de su penoso oficio, y a cada instante tornaba a casa jadeante, con medio palmo de lengua fuera, el hongo echado hacia atrás. Entraba, daba un vistazo, vuelta a salir. El mismo traía las medicinas, y en la botica contaba toda la historia: «Un vahído estando en clase; después calentura horrible. ¿Para qué sirven los médicos?» Por consejo del mismo Quevedito mandó venir a uno de los más eminentes, el cual calificó el caso de meningitis aguda.

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