Explore "Tristana" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Creyó notar el viejo galán que Tristana se desconcertaba al recibir el jicarazo; pero tan rápidamente y con tanto tesón volvió sobre sí misma, que no le era fácil a don Lepe conocer a ciencia cierta el estado de ánimo de su cautiva, después del acabamiento definitivo de sus locos amores.
Como quien se arroja a un piélago tranquilo, zambullose la señorita en el maremágnum musical, y allí se pasaba las horas, ya sumergiéndose en lo profundo, ya saliendo graciosamente a la superficie, incomunicada realmente con todo lo humano y procurando estarlo con algunas ideas propias que aún la atormentaban. A Horacio no le volvió a mentar, y aunque el pintor no cortó relaciones con ella, y alguna que otra vez escribía cartas amistosas, Garrido era el encargado de leerlas y contestarlas.