Los Cien Mil Hijos de San Luis

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Después de dar noticia de su estupenda liberación, exponiendo con brevedad los padecimientos del largo cautiverio que había sufrido, escribió las frases más cariñosas y una patética declaración de arrepentimiento por su desnaturalizada conducta y la impía fuga que tan duramente había castigado Dios. Manifestando después su falta de recursos y que más que un viaje a Madrid le convenía su permanencia en el ejército de Cataluña, rogaba a su madre que vendiese cuanto había en la casa, y juntamente con Solita, se trasladase a la Puebla de Arganzón, donde pasaría a verlas, pidiendo una licencia. Concluía indicando la dirección que debía darse a las cartas de respuesta, y pedía que esta fuera inmediata para calmar la incertidumbre y afán de su alma.

Aquella misma tarde habló con el brigadier Rotten, el cual era un hombre muy rudo y fiero, bastante parecido en genio y modos a don Carlos España. Aconsejole este que viera al general Mina, en cuyo ejército había varias partidas de contraguerrilleros, organizadas disciplinariamente; añadió que él (el brigadier Rotten) se había propuesto hacer la guerra de exterminio, quemando, arrasando y fusilando, en la seguridad de que la supresión de la humanidad traería infaliblemente el fin del absolutismo, y concluyó diciendo que pasaba a la provincia de Tarragona con todas las fuerzas de su mando, excepción hecha del batallón de Murcia, que le había sido reclamado por el general en jefe para reforzar el sitio de la Seo. Monsalud, sin vacilar en su elección, optó por seguir a los de Murcia que iban hacia la Seo.

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