Explore "Los Cien Mil Hijos de San Luis" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Se fueron y yo me quedé. Las lágrimas que antes no habían querido salir de mis ojos brotaron a raudales, abrasándome las mejillas. No podía dejar de pensar en la hipocritona, que corría por los campos desiertos, lanzada por mí al interminable viaje de la desesperación; pero lejos de tenerle lástima, aquel recuerdo avivaba mi hondo furor, haciéndome exclamar: -¡Me alegro, mil veces me alegro! ¡Cuán grande había sido mi castigo! Para que este fuera más evidente, fui condenada por Dios al mismo suplicio de viajar buscando a una persona amada, al martirio indescriptible de correr un día y otro día como el que huye de su sombra, siempre impaciente, siempre anhelante, precipitada siempre de la esperanza al desengaño y del desengaño a una nueva esperanza. Porque sí, yo emprendí también el viaje a Andalucía tres días después. Estaba en la alternativa de morir de despecho o correr también. Hubo en mí desde aquel día algo de la maldición espantosa que pesaba sobre el judío errante, y me sentí como arrastrada por la fuerza de un huracán.
¡Ay!, el huracán estaba dentro de mí misma, en mi despecho, en mis celos, en un loco afán de no hallarme lejos de dos personas, cuya imagen ni un solo instante se apartaba de mi pensamiento. Si mis lectores me han conocido ya por lo que va contado de mi borrascosa vida, comprenderán que yo no podía quedarme en Madrid. Mi carácter me lanzaba fuera, como la pólvora lanza la bala.