Explore "Gerona" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Dejando para más tarde la exploración al mercado, marché a la abandonada vivienda de D. Juan Ferragut, canónigo de la catedral, que desde los primeros días del sitio huyó de Gerona buscando lugar más seguro. Aunque este veterano de las milicias docentes de Cristo no figura en mi relación, debo indicar que era el primer anticuario de toda la alta Cataluña; hombre eruditísimo e incansable en esto de reunir monedas, escarbar ruinas, descifrar epígrafes y husmear todos los rastros de pisadas romanas en nuestro suelo. Su colección numismática era célebre en todo el país, y además poseía inapreciable tesoro en vasos, lámparas, arneses y libros raros; pero el grande amor que tenía a estos objetos no fue parte a detenerle en su huida, abandonando la historia romana y carlovingia por poner en seguro la más que ninguna inestimable antigualla de la propia vida. Luego una bomba arregló el museo a su manera.
Entrábase en la desierta casa por una pequeña puerta que comunicaba ambos patios, y que los vecinos solían tener abierta para venir a tomar agua en el del nuestro. Cuando penetré en el patio, hallé que una gran parte de este se había trocado en recinto cubierto, formado por la acumulación de vigas y tabiques atascados en un ángulo antes de llegar al piso. Aquel improvisado techo no necesitaba sino ligero impulso, una voz fuerte, una trepidación insensible para caer al suelo. Adelantando cuidadosamente llegué a la caja de la escalera, abierta a la luz y al aire por el hundimiento de las salas de la fachada y de una parte del techo por donde penetró la bomba. Cubrían el suelo muebles confundidos con trozos de pared, vidrios y mil desiguales fragmentos de preciosidades artísticas, materia caótica de la historia, que ningún sabio podía ya reunir ni ordenar. La escalera había perdido uno de sus tramos, y para subir era preciso trepar, saltando abruptas alturas.