Explore "Montes de Oca" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
A los traidores ya les temía y execraba, sin necesidad de que el maligno ente se lo advirtiera. Lo que hacía falta era descubrirles y saber por dónde andaban, para meterles mano y hacer en ellos un cruel escarmiento. Coincidieron estas travesuras de la imaginación con un soplo que en aquellos días le dio el Mayor del segundo batallón de su regimiento, D. Gabriel O'Daly. Mandaba la primera compañía del mismo un capitán llamado Vallabriga, tildado de inquieto y sospechoso. Según O'Daly, hombre de carácter muy serio y de bien probada veracidad, Vallabriga andaba en malos pasos y en peores trotes. No era difícil comprobar que había leído proclamas clandestinas a varios sargentos de su compañía; se supo que frecuentaba una reunión nocturna de jovellanistas en una de las calles jorobadas y tortuosas que caen detrás de Buenavista, no lejos de las Salesas, conciliábulo a que concurrían otros militares de distintos cuerpos. Con estos nada tenía que ver D.
Santiago; pero como descubriera y evidenciara al traidor de su regimiento, sorprendiéndole con el puñal levantado sobre el corazón de la patria, no se contentaría con menos que con atravesarle de una estocada sin más dimes ni diretes, ni sumaria ni consejo de guerra. Nunca le había gustado el tal Vallabriga, que componía versos de moros y cristianos, blasonaba de ideas estrambóticas, y solía concurrir a las tertulias de café peor reputadas. Hizo propósito de seguirle la pista y de echarle la zarpa, sin dar cuenta a nadie de su cacería, ni valerse de persona alguna militar ni civil.