El Equipaje del Rey by Benito Pérez Galdós

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Olvídese la importuna digresión, y sepan los que en ello tuvieren interés, que antes que el ejército de José pasase el Ebro, llegaron a la Puebla de Arganzón las tropas de una división que custodiaba parte del convoy. Fue esto, si no mienten las noticias que con pretensiones de verídicas se me han dado, hacia el 16 ó 18 de Junio. El gran convoy venía detrás. Los carros del pequeño detuviéronse en el camino a las inmediaciones del pueblo, y las tropas repartiéronse por las casas y caseríos para allegar víveres. En las inmediaciones de la villa veíanse grandes masas de soldados: aquí artillería, allá columnas que iban de un lado para otro; en lo más apartado la impedimenta, y largas filas de vehículos, que después de breve descanso debían seguir adelante.

La Puebla de Arganzón, como lugar campestre, había dejado las ociosas plumas, y aunque de por sí no fuese aquella villa madrugadora, despertola el rumor de tanta tropa y de los tambores sin cesar batidos, confundiendo su ronco son con el cantar de los gallos que en todos los corrales entonaban su alegre grito de alerta. Veíase a los honrados habitantes salir de sus casas y juntarse en corrillos. Los ancianos preguntaban si se había ganado ya la batalla y advertidos de que no, quejábanse de la mucha tardanza en arremeter, propia de los tiempos nuevos, asegurando que en otra ocasión ya estaría todo despachado y el asunto resuelto. Las mujeres corrían de casa en casa pidiéndose provisiones para esconderlas, pues los franceses que en número tan considerable rodeaban el pueblo reclamarían pronto lo que no se habían llevado los guerrilleros el día anterior.

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