El Equipaje del Rey by Benito Pérez Galdós

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La batalla en que doña Pepita no quería pensar y en la cual nosotros no fijaremos tampoco mucho la atención, fue del modo siguiente.

Ya sabemos la dirección y traza del camino real de Miranda a Vitoria, que va a orillas del Zadorra, rozando al pasar los lindes del condado de Treviño. Hállanse en este camino los lugares de la Puebla, Aríñez, Crispiniana y Gomecha, y después de deslizarse entre altos riscos, penetra holgadamente en el llano de Vitoria. Ocupaban los franceses la orilla izquierda del Zadorra. Otro afluente del Ebro, el Bayas, y otro camino, el de Vitoria a Bilbao, servía de base al ejército aliado, que se extendía desde Murguía hasta cerca de Subijana de Álava. Dueños los franceses del camino de Burgos a Vitoria, tenían segura la retirada, así como los pasos del río, y una posición excelente en las alturas que rodean a la Puebla. Este camino, estos puentes y estas alturas, eran lo que en la mañana del 21 empezaron a disputarles las tropas inglesas, portuguesas y españolas por diversos puntos y con rapidez y energía extraordinarias. El inglés Hill y el bravo español D. Pedro Morillo, atacaron la Puebla y sus riscos eminentes, coronados por una fortaleza feudal de antiguo llamada El Castillo; el general Graham, con el guerrillero Longa, atacaron la derecha enemiga en el camino de Bilbao por Avechuco, y después por Gomarra menor. Conquistados felizmente estos puntos extremos y altos, fueron atacados todos los pasos intermedios del Zadorra, el llamado Tres Puentes, Crispiniana y Gomecha. Hubo en estos ataques alternativas sangrientas de fortuna y adversidad, porque los franceses los reconquistaban a medias después de perderlos, hasta que definitivamente los poseían los aliados. Mientras estas luchas horribles ensangrentaban el Zadorra, hacia el Norte se daba la verdadera estocada de muerte, con el movimiento de avance del general Graham y del guerrillero Longa que cortaron al enemigo el camino de Francia. Sin otra salida que el de Pamplona, precipitose por él todo el ejército, con José a la cabeza; mas si los hombres que aún tenían piernas pudieron escapar, no gozaron igual suerte la artillería ni la impedimenta que se atascaron en el camino, como los ratones con morrión al querer huir después de la batalla con las comadrejas.

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