Explore "Cánovas" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Segundos no más tardé en sustraerme al mundo quimérico para volver a la esfera real. El sagaz estadista, adoptando el tono familiar apropiado al asunto que quería tratar conmigo, me dijo así: «Sé que es usted amigo de Cárceles y de otros que tuvieron parte muy visible en las locuras del Cantón; seguramente lo es usted también de Tonete Gálvez, que, según mis noticias, fue la cabeza más firme y el brazo más fuerte en las jornadas de Cartagena. Estará usted enterado de que los cantonales que escaparon en la Numancia permanecieron largo tiempo en Orán, encerrados en un castillo. El Gobierno francés dispuso, a fines del año anterior, internarlos en la provincia de Constantina.
Contreras y su ayudante Rivero accedieron a ser internados; Manuel Cárceles, Germes, Gálvez y Gutiérrez obtuvieron un salvoconducto para fijar su residencia en Suiza. Allá se fueron, creo que en Diciembre último. Y ahora pregunto yo a don Proteo Liviano: ¿Están aún en Suiza? ¿Algunos de ellos ha vuelto a España? Dígame lo que sepa. Habla con usted el amigo, no el gobernante, y debo advertirle que estoy decidido a no perseguir a nadie, ni aun a esos cuatro que, como usted sabe, están condenados a muerte. Las realidades del Gobierno y la fuerza indudable de la Situación que presido me imponen la clemencia. Oportunamente pienso dar una amnistía general, que ha de comprender a esos ilusos, más románticos que criminales. Espero que me diga usted, si lo sabe, el paradero de Cárceles, Germes, Gutiérrez y Gálvez, y no vacilo en indicar que me intereso singularmente por este último. Antonio Gálvez es un hombre de bien; un político de ideas extraviadas, pero muy puro y muy sincero; caudillo valiente hasta la temeridad. Sus sentimientos generosos le impulsan hacia el bien, y si alguna vez hizo el mal fue por obedecer ciegamente a la pasión revolucionaria».